Permítame decirle que el mundo está podrido, que somos pocos aquellos que intentamos indagar en las miradas, quizás por no encontrar respuesta en las propias. Abandonado el sentimiento de rabia, veo serenidad frente a mi en el espejo, y solo en el fondo de mi cráneo se aloja un grito desesperado y desesperante que me impide avanzar, arrastrando mis pes por el suelo, oprimiendo mis alas, haciéndome olvidar todo aquello que provoque felicidad.Como aquel árbol que se desprende de su corteza vuelvo a ser frágil a cada roce, áspera a cada mirada, inerte al no encontrarte. Ansío cruzar la esquina y encontrar allí todo aquello que siempre busque, mas sin saberlo no creo siquiera que pueda reconocerlo, mis ganas corren por los tejados empapando las ventanas de mis ojos, pero me quedo aquí, cerca de ti, aunque todo duela tanto.