Cuando el deseo de fundirse conforma una unidad entre dos mentes, ¿Dónde se sitúa el limite? ¿Podemos establecer alguna clase de perímetro en el que reduzcamos nuestros cerebros a un espacio en el que lo físico parezca tan efímero que dudemos de todo aquello que nos rodea? Y si lograramos conseguirlo, ¿A dónde podríamos llegar?
