Pregúntame cuanto tiempo busque unos labios que yo ni siquiera conocía, cuando iba detrás de aquel destello casi imperceptible que me mantenía despierta cada noche, y volvía a la cama con el mismo sabor amargo al amanecer. Suponía que te encontraría algún día antes de perder la razón, pero ella vino a buscarme porque estaba realmente perdida, mientras la locura se adueña de lo poco que sobra de mi. Me baño en tus ojos, surcas con tus dedos mis manos, y vuelve a instalarse esa sensación de verano tardío sobre nuestra piel.
