miércoles, 4 de abril de 2012

Carrusel de emociones.

Me invade una sensación de euforia. La presencia de esta joven muchacha me produce un carrusel de emociones como si estuviera montado en un tiovivo. Un tiovivo que me da miedo y a la vez me atrae. El olor a algodón de azúcar y polvo me seca la garganta.


-Oh, mi pequeño incendio, permítame mordisquear su ropa, desmenuzarla a buenas dentelladas, escupirlas como un confeti para besarla bajo una lluvia.
+No veo más que fuego, con solo unos pasos puedo perderme a lo lejos, tan lejos en mi calle que no me atreva ya siquiera a mirar derecho a los ojos del cielo, no veo mas que fuego.
-Yo lo guiaré hasta el exterior de su cabeza, yo seré sus gafas y usted mi cerilla.
+Tengo que confesarle algo: Lo escucho, pero no lograría reconocerle jamas aunque estuviera sentado entre un par de viejecitos...
-Nos frotaremos el uno contra el otro hasta chamuscarnos el esqueleto, y cuando el reloj de mi corazón de las doce en punto, arderemos, sin necesidad de abrir los ojos.
+Lo sé, soy una mente ardiente, pero cuando la música se detiene, me cuesta abrir los ojos, me enciendo como una cerilla y mis párpados queman con mil fuegos hasta romper mis gafas, sin pensar siquiera en abrir los ojos.