Y baila, y se ríe y observo cómo echa la cabeza hacia atrás y huelo su
colonia, y de nuevo su risa. Y otra vez...Otra vez tú. Pero no teníamos que
volver a vernos... Y siento todo mi dolor. Lo que no sé, lo que no he vivido,
lo que ahora me falta. Para siempre.
¿Cuántos brazos te han estrechado para convertirte en lo que eres? Cuánta razón tienes. Qué cierto es. Qué importa. Al fin y al cabo, ella no me lo dirá, por desgracia. Por eso me quedo en silencio. Y la miro, pero no la encuentro.
¿Cuántos brazos te han estrechado para convertirte en lo que eres? Cuánta razón tienes. Qué cierto es. Qué importa. Al fin y al cabo, ella no me lo dirá, por desgracia. Por eso me quedo en silencio. Y la miro, pero no la encuentro.
Entonces voy a buscar esa
película en blanco y negro que ha durado dos años. Toda una vida. Esas noches
pasadas en el sofá. Lejos. Sin conseguir darme una explicación. Arañándome las
mejillas, pidiendo ayuda a las estrellas. Fuera, en el balcón, fumando un
cigarrillo. Siguiendo después ese humo hacia el cielo, arriba, más arriba, más
aún... Allí donde precisamente habíamos estado nosotras. Cuántas veces he
nadado en ese mar nocturno, me he perdido en ese cielo azul, llevada por los
efluvios del alcohol , por la esperanza de encontrarla otra vez.
Arriba y abajo,
sin tregua. La primera estrella a la derecha y después todo recto, hasta la
mañana. Y otras muchas. Y a todas les preguntaba:"¿Le habéis visto? Por
favor... he perdido mi estrella. Mi isla, que no existe. ¿Donde estará
ahora?¿Qué estará haciendo? ¿Con quién?" Y a mi alrededor, ese silencio de
estrellas entrometidas. El ruido molesto de mis lágrimas agotadas. Y yo,
estúpida, buscando y esperando encontrar una respuesta. Dadme un porqué, un
simple porqué, cualquier porqué. Pero qué idiota. Ya se sabe.