jueves, 22 de marzo de 2012

Te dí mi alma.



Y baila, y se ríe y observo cómo echa la cabeza hacia atrás y huelo su colonia, y de nuevo su risa. Y otra vez...Otra vez tú. Pero no teníamos que volver a vernos... Y siento todo mi dolor. Lo que no sé, lo que no he vivido, lo que ahora me falta. Para siempre.
¿Cuántos brazos te han estrechado para convertirte en lo que eres? Cuánta razón tienes. Qué cierto es. Qué importa. Al fin y al cabo, ella no me lo dirá, por desgracia. Por eso me quedo en silencio. Y la miro, pero no la encuentro.
Entonces voy a buscar esa película en blanco y negro que ha durado dos años. Toda una vida. Esas noches pasadas en el sofá. Lejos. Sin conseguir darme una explicación. Arañándome las mejillas, pidiendo ayuda a las estrellas. Fuera, en el balcón, fumando un cigarrillo. Siguiendo después ese humo hacia el cielo, arriba, más arriba, más aún... Allí donde precisamente habíamos estado nosotras. Cuántas veces he nadado en ese mar nocturno, me he perdido en ese cielo azul, llevada por los efluvios del alcohol , por la esperanza de encontrarla otra vez.
Arriba y abajo, sin tregua. La primera estrella a la derecha y después todo recto, hasta la mañana. Y otras muchas. Y a todas les preguntaba:"¿Le habéis visto? Por favor... he perdido mi estrella. Mi isla, que no existe. ¿Donde estará ahora?¿Qué estará haciendo? ¿Con quién?" Y a mi alrededor, ese silencio de estrellas entrometidas. El ruido molesto de mis lágrimas agotadas. Y yo, estúpida, buscando y esperando encontrar una respuesta. Dadme un porqué, un simple porqué, cualquier porqué. Pero qué idiota. Ya se sabe.